Lectura de Relatos Pedagógicos
 
     
 

La entrevista como vínculo generador de lectura

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Dice Graciela Montes (hablando de habilitar la lectura) que hay que dotar de mayor significación nuestros modestos quehaceres, y a mí me parece que, cuando se trata de bienes culturales, redimensionar significaciones puede ser una importante contribución a la hora de incentivar la lectura, sobre todo si tenemos en cuenta que esto es algo que se reclama a la institución escolar en forma casi permanente.
Actualmente muchos teóricos prefieren combatir el preconcepto de “crisis de lectura” y aconsejan ir en busca de un nuevo-mutado lector; este hecho está ligado a la necesidad de contrarrestar la “esterilización” de prácticas de lectura y escritura lograda con años de obligatoriedad, disección de textos y falta de libertad para elegir.
Recuperar la trayectoria del sujeto-escritor-lector y abrir un espacio dialógico entre éste y la historia personal de cada alumno, más la perspectiva que ofrece la entrevista con su dimensión formadora son dos aspectos que justifican sobradamente la presencia de un escritor en el aula.
¿Qué significa para los estudiantes recibir una visita? No es una actividad común, eso está claro, pero ¿es un hecho pedagógico importante?
Cuando Héctor Luis Castillo aceptó la invitación para visitar la Escuela Pablo G. Haedo, ya habíamos leído y comentado durante las clases sus cuentos “Una historia tumbera” y “Letras ciegas”, ambos de su libro “Souvenirs del infierno”. También habíamos conversado un poco acerca de su biografía y, finalmente, habíamos elaborado una lista con todas las preguntas que fueron surgiendo de la lectura de los textos mencionados y de los comentarios. A los chicos les interesaba saber todo: porqué el libro tiene ese título; porqué Anselmo Martínez -el protagonista de “Letras ciegas”- no sabía leer; cuántos libros había escrito Luis, “qué se siente ser escritor” y otros interrogantes similares.
Llegado el día en que recibiríamos al escritor, el entusiasmo se hizo manifiesto: escribieron palabras de bienvenida en el pizarrón, improvisaron un recordatorio firmado por todos, ordenaron sillas y pupitres, y hasta uno de ellos, Pablo, exclamó con solemnidad conmovedora: “Esta tiene que ser la mejor aula, señora, para recibir al escritor”.
Cuando él llegó, la expectativa se tradujo en rostros atentos, concentrados, suspendidos en el tiempo y el espacio mágico de la palabra. ¡Con qué atención lo escuchaban, con cuánta naturalidad preguntaban y con qué honestidad le respondían! Más tarde, cuando llegó la hora de despedirse, algunos se animaron a pedirle un autógrafo y a pedirle que vuelva.

Esta experiencia, que no es la primera por cierto, puesto que he convocado a poetas y narradores en otras oportunidades y yo misma he sido invitada como escritora a las escuelas, me llevó a reflexionar sobre las razones que hacen que la actitud del alumno-anfitrión sea diferente de la que tiene ante su profesor. Tal vez sea porque la visita hace estallar su rutina, promueve la aparición de un canal de comunicación re-orientado; permite expansiones que no se dan habitualmente, libera aspectos imaginativos; todo eso sin contar el grado de valoración que entraña el hecho de que un exponente del arte se acerque a ellos.
La circunstancia de prepararse para recibir una visita por parte de los estudiantes se convirtió en un re-establecimiento de roles; hubo otras demandas, otros acuerdos, otra receptividad: tenían que responder ante alguien y para ello necesitaban su mejor imagen. Esto los solidarizó; la frase de Pablo: “Esta tiene que ser la mejor aula” permite descifrar la intención de dar lo mejor de sí.
En un medio cada vez más “tecnificado” –para usar un termino de Max Van Manen- el encontrarse “cara a cara” y retomar la conversación como práctica social se adecua a una noción de educación como proceso vivo y dinámico.
Los artistas de nuestra ciudad son uno de los recursos simbólicos con los que contamos los docentes. Escritores, actores, escultores, pintores, están ahí, muchos, dispuestos a acompañar el camino al conocimiento; a veces basta una llamada telefónica para que se acerquen al aula, abran espacios de diálogo, se establezca un intercambio de sueños, se pueda hablar de arte, de libertad, de vocación, de memoria y futuro.
Si bien es cierto que esta experiencia no es novedosa, maestros y profesores nos debemos esta intermediación entre los artistas y los niños y jóvenes porque constituye un acontecimiento ético que, articulado con el ambiente educativo, construye una situación relevante de aprendizaje. Tal vez, si se implementara como práctica habitual, romperíamos el orden funcional de aula para disfrutar de este particular modo de construcción de sentidos.
Interpretar este “encuentro” desde su dimensión pedagógica posibilita sumar significados educativos. Los chicos, agradecidos.

 
     
 
Título:

La entrevista como vínculo generador de lectura

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Autor/es:
Lizzi Susana
 
Institución:
Escuela Pablo Haedo
 
Localidad / Provincia:
Gualeguaychú / Entre Ríos
 
Nivel Educativo:
Educación Secundaria
 
Categoría/s Educativa/s:
Lengua
 
Temática/s Pedagógica/s:
Alumnos que enseñan
Encontrarle la vuelta
Construcción colectiva entre alumnos
Encontrar razones
 
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Coordinador CAIE:
Vaena, Estela Beatriz