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Lectura de Relatos Pedagógicos |
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¿Quién desafía a quién? |
| Aplicación del “Desafío Matemático” |
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Soy docente de 6° año en las áreas de Ciencias Naturales y Matemática. Al igual que en 2006, se me comunica que se trabajará en los meses de septiembre y octubre con el “Desafío Matemático” (En 2007 se trabajó con esta metodología:Trabajo individual con la problemática dada, Trabajo en grupo donde cada integrante explica a sus compañeros la forma en que resolvió y defiende su postura, Selección de un delegado y una forma de resolución por grupo, Selección de una de las propuestas explicadas según criterios de practicidad y viabilidad (denominada “económica”) La propuesta concreta es para el fortalecimiento en el área de la división, en todo el segundo ciclo de la escuela primaria, en particular, estableciendo relaciones entre dividendo, divisor, cociente y resto. Al enterarme del contenido a abordar mi sorpresa fue grande y no dejé de preocuparme, bien sabido es que para la mayoría de las docentes que trabajamos en segundo ciclo, la división es “el cuco de las matemáticas”. También para los chicos, quienes enseguida nos dicen “dividir no sé”, o “me olvidé”, “no me acuerdo”. Tal vez nosotras seamos quienes transmitimos ese temor. Qué complicada estaba, dispuesta pero indecisa, porque me llevaría tiempo, debería dejar de lado lo proyectado, hacer registros de clase en cada etapa, atender mucho más a los momentos de reflexión. Dos horas se me pasarían volando y no veía muy claro cuál sería el resultado. Luego de unas asistencias con el capacitador regional, inspectoras, directoras y docentes, al fin llegó el momento. La primera situación que planteé sobre organización rectangular, fue terrible. Quizá mis expectativas eran ambiciosas; los observaba paralizados, como decimos nosotras en los recreos, “no iban ni para atrás ni para adelante”. Luego de insistir e ir desmenuzando, parte a parte, atendiendo a los datos importantes y a las preguntas a responder, fue saliendo. Sin embargo, un porcentaje alto de chicos aún estaba en la primera etapa, resolviendo mediante dibujos, precisamente aquellos más rápidos y prácticos para quienes yo creía que la resolución sería pan comido. ¿Y ahora qué hago para que resuelvan usando algoritmos? Pensé que si les daba números más grandes no podrían hacer rayitas o cruces, sino que acudirían a la cuenta. ¿Y el tiempo? Nos había llevado tres horas para concluir con gran dificultad. Al día siguiente, presento la misma situación y, aquellos a quienes yo etiquetaba de lentos y desorganizados, luego de copiar el problema, de que aclaremos términos, mientras yo insisto en la comprensión de las preguntas, un alumno comenta que ya lo ha resuelto. Me acerco y veo que había resuelto bien, entonces le pido que explique al resto cómo procedió y, muy dispuesto y claro lo hizo. ¿Qué estaba pasando? No podía entender el comportamiento de los grupos tan diferente a lo cotidiano. Así se fueron sucediendo las voces diciendo que habían terminado, aún los alumnos con gran dificultad. Me sentía feliz y con ansias de escuchar las fundamentaciones. Se agruparon por proximidad de lugar, discutieron y acordaron métodos de resolución. Los representantes de cada grupo pasaron al frente y dieron explicaciones satisfactorias, demostrando que, aún de diferentes formas, se puede llegar al resultado correcto; abordaron conceptos como “múltiplos” y acordaron que dividiendo es el camino más corto de resolución. Comenté a la señora Directora la experiencia y renové las esperanzas: trabajando con niños siempre hay buenas sorpresas. A los pocos días me toca ir a tomar registro a mi compañera de 5° año y, ya canchera, le digo que el mismo problema que yo había trabajado sería elevado, así que elige otro con menor dificultad. Lo trae escrito en un afiche y, luego de explicarlo los pone a trabajar. A los pocos minutos se levanta Lucía y en voz alta dice “¡Ya lo hice! ¡Es re fácil!”, se acerca a la señorita, le muestra y pide que le digan si está bien o no. La maestra le pide que se fije si puede encontrar otra forma de resolución y ella agota todas las posibilidades, suma, resta, multiplica y aplica el dibujo de un tablero de ajedrez. Como si esto fuera poco, agregó: “lo más fácil es hacerlo multiplicando”. A su maestra y a mí nos dejó sin comentarios y la felicitamos. Ella dijo: “Es la primera vez que hago algo bien”. Es interesante aclarar que Lucía es una niña que tiene gran dificultad para aceptar las normas de convivencia escolares, pero que en su vida cotidiana se maneja totalmente sola pasando la mayor parte del tiempo libre en la calle. Los resultados que estamos obteniendo con los chicos de 6° me tienen muy contenta; en estos dos últimos meses me he replanteado varias cuestiones como la forma de presentar los temas, los métodos a utilizar, los enfoques y, sobre todo, la retroalimentación con mis compañeras de 4° y 5° año. Nosotras también estamos ensayando y aprendiendo día a día, tal vez necesitemos tiempo para olvidarnos del método con que fuimos formadas. Desde lo personal digo que “está bueno”, como dicen los chicos, hay que animarse y dar una vuelta de tuerca; los tiempos han cambiado y ahora son ellos quienes producen y construyen a diario, nosotras debemos guiarlos. |
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| Título: |
¿Quién desafía a quién? |
| Aplicación del “Desafío Matemático” |
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| Autor/es: |
| Bonavita, Gabriela
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| Institución: |
| EGB Nº4 |
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| Localidad / Provincia: |
| Dolores / Buenos Aires |
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| Nivel Educativo: |
| Educación Primaria |
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| Categoría/s Educativa/s: |
Matemática
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| Temática/s Pedagógica/s: |
Alumnos reales, alumnos ideales Alumnos que enseñan Encontrarle la vuelta Construcción colectiva entre alumnos Armar comunidad Contagio entre colegas
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| Coordinador CAIE: |
| Tramontini, Maria Isabel |
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