Lectura de Relatos Pedagógicos
 
     
 

¡Lo que aprendimos en este viaje!

Los viajes educativos como herramientas para enseñar
 
Una de las actividades más gratificantes que puede realizar un docente es participar en viajes educativos porque en ellos “descubrimos” a los alumnos. Se muestran activos, participativos, alegres y compañeros. Suele ocurrir que los más vagos te ayudan con las tareas, los más revoltosos dirigen al grupo, organizan el tiempo libre, etc; ya que los viajes nos permiten trasladar el aula a un espacio abierto; por que en ella, por razones de espacio y de organización, los alumnos, y nosotros mismos, nos encontramos muy limitados.
Todo lo contrario ocurre en estas actividades, los límites son mucho más amplios, nos dan la posibilidad de compartir muchas horas que nos permiten una relación más laxa, generando un espacio donde nos ayudamos y aprendemos unos de otros y todos del entorno.
Debemos considerar muy importante también la elección del medio de movilidad, su chofer y el hospedaje, si fuese necesario utilizarlo, para asegurar tranquilidad y armonía en las actividades.
A estas conclusiones llegué después de muchos años de realizar viajes educativos, es más, algunos me apodan “la hormiguita viajera”.
Transcurría el año 1997, yo trabajaba desde 1984 en Escuelas Técnicas, tenemos dos en esta ciudad, había conseguido ordenar mis horas cátedras, la mayoría eran de Dibujo Técnico, realizábamos viajes a todos los lugares que nos parecían beneficiosos para los alumnos: exposiciones, fábricas locales o de otras ciudades, ferias de ciencia, museos, etc.
Éramos un grupo de docentes bastante grande que nos acompañábamos, casi todos maestros de taller, lo que significa un compromiso personal con la escuela, ya que de lunes a viernes, mañana y tarde, permanecíamos en la misma; planificando, reparando, ayudándonos o cubriéndonos en las actividades escolares, con tiempo libre para coordinarlas y planificarlas, especialmente, las extra-escolares.
Pero llegó la reforma educativa, perdí todas mis horas, ya que la nueva currícula escolar no contemplaba enseñar Dibujo Técnico. Deambulé por distintas escuelas tratando de ordenarme nuevamente. Fueron años muy duros, de mucha incertidumbre y además tenía que desarrollar la nueva asignatura: “EDUCACIÓN TECNOLÓGICA”, creada como eje del C B U pero usada para insertar a todos los docentes que perdían horas; veterinarios, contadores, técnicos, bioquímicos y muchos otros.
A raíz de esos cambios conocí nuevos / as compañeros de trabajo, nuevos estilos de escuelas, me fui adaptando a las necesidades y además fui tratando de concentrar horas, trabajaba en cuatro escuelas, de a poco lo logré, hoy trabajo 28 horas cátedra en la Escuela Normal, escuela que tiene cuatro niveles, un sentido de pertenencia debilitado en algunos docentes por permanecer en ella pocas horas, pero con un reconocimiento social bueno y orientación solidaria en su P E I.
Cuando ingresé a esta escuela comenté de la importancia de los viajes educativos para que los alumnos interactúen con la realidad, parece que me escucharon, por que un día la Sra. Vice directora me comenta que había descubierto un lugar llamado PASEO CON CIENCIA que estaba ubicado en la ciudad de Valle Hermoso de nuestras sierras de Córdoba y que le parecía espectacular para que los chicos lo conozcan, y agrega, ¿podemos ir?
Qué alegría!, comencé a organizar el viaje, participé a los docentes del curso elegido, algunos se opusieron alegando demasiada responsabilidad sacar los alumnos del establecimiento, otros fueron indiferentes, ni contestaron. No obstante al mes siguiente partimos con la Vice Directora y un grupo de docentes que había aceptado el ofrecimiento.
Durante el viaje comparaba a mis nuevos compañeros con los de la otra escuela, algunos dormían, especialmente en el regreso, otros protestaban y una, solo una me ayudó, me acompañó, me hizo sentir seguro, que podía contar con ella, en definitiva encontré una “aliada” espectacular.
Ese primer viaje lo realizamos en un día, se imaginan, 600 Km. en una sola jornada con visita al PASEO CON CIENCIA, almuerzo, visita al hotel EDEN y regreso. Un infierno, una eternidad. Salimos a las 5 de la mañana para regresar a las 23 hs, una locura, pero mi compañera me dice: “el próximo lo hacemos en dos días, encontremos un hotel y dormimos en Carlos Paz.”.
Qué lindo, ya se vislumbraba continuidad, por lo tanto manos a la obra. Al año siguiente con ella como aliada lo planificamos, elegimos un curso, ella invitó dos compañeras y yo otra, partimos, nos complementamos de maravilla, a partir de entonces conformamos un grupo de 5 docentes comprometidos con la actividad.
Cabe aclarar que a los viajes de dos días los realizamos siempre al PASEO CON CIENCIA con alumnos de segundo año del C. B. U., porque es un lugar muy educativo y a la vez interactivo, lo que agrada mucho a los chicos.
Una actividad complementaria que comenzamos a poner en práctica fue la de programar un bono de colaboración con premios, de forma tal que con lo recaudado puedan viajar todos los alumnos del curso sin importar su situación económica, tema cada vez más preocupante.
El premio lo aportan ellos, generalmente alimentos no perecederos, y si venden todos los números no deben desembolsar ningún dinero, salvo para algo extra. Esto también permite despertar en los chicos el sentido de responsabilidad, de pertenencia y de satisfacción, ya que muestran con orgullo la planilla con todos los bonos vendidos y comentan, “este viaje si que me lo pago yo”.
Nos hemos encontrado con sorpresas, como una mamá que se acercó al aula una mañana próxima a la partida y me comenta que su hijo nunca había salido de la ciudad, que no conocía ni la estación de peaje, que queda a 8 Km., y que tenía miedo, qué hacer?.
En un primer momento le agradecí la información, la tranquilicé y le prometí una atención especial. Se fue tranquila. El que no quedó tranquilo fui yo, así que busqué a mi compañera y le comenté la visita de esa mamá, acordamos que haríamos un contacto continuo entre todos con el alumno de manera que el no se de cuenta que lo estábamos protegiendo.
Llegó el día de la partida, y mientras cargábamos los bolsos y ubicábamos a los chicos en el colectivo, le comento al chofer el caso de este alumno, y muy sueltamente me dice: “que se siente como acompañante mío que le voy a contar cada detalle de lo que encontremos por el camino”.
Así lo hicimos, hace ya varios años de esto y hoy todavía cuando algunos de nosotros se encuentra con este alumno o con su mamá, recuerdan con gran cariño y agradecimiento su “primer viaje”.
Otras sorpresas que los alumnos nos dieron fueron, por mencionar algunas, cuando un chico se comió todo lo que los padres le habían dado para dos días en las primeras tres horas de viaje y tuvimos que parar como cinco veces por la descompostura que tenía. Cuando una alumna tenía fiebre y no se quiso quedar, después nos enteramos que se había escapado de su casa, y mientras todos estaban recorriendo “PASEO CON CIENCIA”, mi compañera estaba con ella en una clínica. Ese viaje que gracias al bono de colaboración pudo viajar una chica de condición muy humilde y a la vez cumplía quince años ese día, las profesoras y sus compañeras prepararon la fiesta sorpresa, con torta, guirnaldas, música y cotillón, con el permiso del dueño del hotel, por supuesto.
A raíz de estas vivencias podemos descifrar rápidamente las características de un grupo de docentes viajeros: personas dulces, tiernas y justas, que logran afinidad con los alumnos, es decir, que ellos nos tengan confianza. Debemos ser los primeros en empezar las actividades, en levantarnos, en llegar, etc, y los últimos en retirarnos. Y lo más importante es el compromiso que asumimos con los chicos y con las actividades programadas, en definitiva, con la escuela misma, durante “todo” el período que dure el viaje educativo.
Aunando estas características, cada uno de nosotros desarrolla la actividad que más le gusta y entre todos disfrutamos de momentos muy lindos, especialmente en las noches de hotel, por que hemos festejado cumpleaños, desarrollamos obras de teatro, concursos, actividades musicales, etc, siempre organizado por los alumnos pero supervisado por alguien del grupo.
Los comentarios, con relación a los viajes, tanto de los alumnos como de los padres siempre fueron positivos, lo que nos incentivaba para seguir realizándolos. Debido a esos comentarios los demás docentes se querían incorporar al grupo, a veces los aceptamos, otras veces llevamos madres, que de paso algunas se nos “rajaron” por la noche. Parece que fueron a visitar “parientes”; otras trabajaron muy bien, nos ayudaron mucho.
Anécdotas hay muchas, pero les quiero contar una que nos marcó muy fuerte, en esa oportunidad todavía éramos los cinco, los preparativos estaban casi listos cuando una docente del curso elegido nos pide compartir el viaje. Lo pensamos, nos consultamos y accedimos. Luego de esta anécdota la llamamos la docente “colada”, término que significa: “persona que se agrega al grupo de docentes viajeros para ir a descansar”. ¡Qué error haber aceptado su compañía en el viaje!, pero nos sirvió para definir el futuro del grupo, y si bien dos de ellas ya se jubilaron, las reemplazamos por una sola, por lo tanto ahora somos cuatro que nos acompañamos en todos nuestros viajes.
Así se desarrolla la historia…. Aquel aparentaba ser un “viaje feliz” como tantos otros. Esta ilusión duró sólo el día de la primera jornada de viaje. Por la noche, tras la recreación posterior a la cena se decretó la hora de dormir, ella fue la primera en partir a su habitación, tenía sueño.
Como es tradicional, los alumnos, en sus habitaciones conversan hasta tarde, se ríen, se escuchan furtivos correteos y carcajadas cómplices. Todo bajo el atento control del grupo de docentes, ya acostumbrados, como equipo, a esta especie de “noche de vigilia”. Pero recordemos que en esta oportunidad entre los docentes “estrenamos” a una nueva viajera. Entre los planes de ella, evidentemente, figuraba dormir toda la noche en el más absoluto silencio y tranquilidad. Pero en la noche no se presentaron las condiciones para esto.
Todos los adultos, ataviados con nuestra ropa de dormir y un abrigo (recordemos que esto ocurrió en el invierno serrano), salíamos de nuestras habitaciones, por turnos, controlando la situación. Todos con muy buena onda y humor. Todos menos…”ella” que sentenció: “si no me dejan dormir…mañana…me las van a pagar”. Todos, menos “ella”, nos reímos de estas palabras.
Es tradición que cuando uno es primerizo en algo siempre es objeto de alguna broma, por lo tanto a la señora sus compañeras le habían desparramado fideos y arroz en su cama. De eso ella no comentó nada, se hizo la dormida, esperó que se acuesten sus “compañeras” de cuarto y que todos los alumnos estuvieran calmados, entonces comenzó a destaparlas, una por una. Esta actitud les causó risa, lo que provocó nuevo alboroto del alumnado.
Yo que estaba lejos pensé, qué raro, cuando logramos calmar a los chicos, ellas hacen lío, nunca había ocurrido. La sorpresa fue que no lo hizo una sola vez como broma sino que lo repitió varias veces, las profesoras estaban molestas, le pedían que termine por favor; pero ella les decía, “me las van a pagar”, seguía destapándolas. Se pueden imaginar lo que ocasionó esto en los alumnos y en el cuidador del hotel que pensaron: “¡las profesoras molestaron toda la noche! que papelón!”.
Por la mañana nuestros energéticos alumnos, con la voracidad de los adolescentes, se comieron cuanta medialuna y bizcocho, se cruzó por su camino. Tras esto subimos al colectivo rumbo a Valle Hermoso. Algunos chicos disfrutaban del paisaje; para algunos de ellos este es su primer contacto con nuestras serranías, otra oportunidad que agregan estos viajes educativos. Otros que no habían dormido mucho durante la noche, decidieron cerrar los ojos y descansar un poquito.
No se imaginan!!!! “Ella” esperó ese momento para actuar y durante todo el viaje de ida y vuelta a esta localidad serrana sacudió, despertó, le quitó los anteojos para verles los ojos, retó y prometió “los fuegos del infierno” a cuanto alumno estuviera bajo sospecha de no haber permitido su primer sueño nocturno. Como es previsible, esto causó malestar entre los chicos, quienes, estoicamente la soportaron.
De regreso a Carlos Paz, tras el almuerzo, en la sobremesa de los docentes, “ella” volvió a expresar: “no me dejaron dormir…me las van a pagar”. Una de nuestras compañeras dijo: “Dejálos, son chicos, esto les encanta”. Los demás coincidimos con ese comentario. Y…¿cómo decirlo? Simplemente se desató la furia de la docente que a los gritos, delante de mozos y encargados del hotel, arreció con insultos de todo tipo, gritos y lágrimas, terminando encerrada por propia iniciativa en un baño del hotel, donde tras tomar unos medicamentos que llevaba en su bolso se aisló del grupo.
Todo el contingente, con los docentes con ánimos por el piso, seguimos nuestro paseo por lugares de la ciudad de Carlos Paz. Más tarde, como si nada de lo relatado hubiera ocurrido, apareció “ella” para integrarse al grupo.
Nunca nos había pasado algo así, todos y cada uno de nuestros viajes habían sido realizados en un clima agradable, respetuoso y alegre. Al principio de este relato se expresa que en los viajes educativos uno “descubre” a los alumnos en sus facetas a veces desconocidas en el aula. Pero después de esta experiencia, también puedo decir que uno “descubre” a sus compañeros docentes, y supone que los mismos deberían tener ciertas actitudes de convivencia que sorprendentemente a veces no las tienen.
Días más tarde, ya en nuestra ciudad, hubo pedidos de informes de parte de la dirección, y varios trámites para reordenar la situación de la docente y la del resto del equipo.
Pasaron ya varios años, en los que o no se hicieron más viajes o fueron muy esporádicos: jubilaciones, problemas personales y dudas acerca de los posibles compañeros de viaje, fueron las principales causas de ese impass.
Ahora ya constituimos otro grupo, recuperamos la tranquilidad y comenzamos de nuevo a las andadas.
Sólo el docente que viaja con alumnos sabe de la inmensa responsabilidad que esto implica, pero también de la satisfacción de conocer más a estas personitas particulares que son nuestros alumnos, de ver sus caras contentas, interesadas o llenas de curiosidad.
Eso sí, lección aprendida, cuando presentamos nuestros proyectos de viaje, ponemos una condición, que nuestro cuerpo directivo entiende: el viaje solo se realiza con el equipo docente que los organizadores seleccionamos, no queremos más “colados”.
 
     
 
Título:

¡Lo que aprendimos en este viaje!

Los viajes educativos como herramientas para enseñar
 
Autor/es:
Dabove, Omar
 
Institución:
-
 
Localidad / Provincia:
Aguilares / Buenos Aires
 
Nivel Educativo:
Educación Secundaria
 
Categoría/s Educativa/s:
Educación Tecnológica
 
Temática/s Pedagógica/s:
Tensión entre colegas
 
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Coordinador CAIE:
Viotti, Carolina