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Lectura de Relatos Pedagógicos |
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¿Y si llamo a los padres? |
| La Participación de los padres en el aprendizaje escolar |
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Entrando a la escuela, se percibe el vacío, sí, pocos padres andan por allí; los que van de un lado a otro, lo hacen con caras de preocupación, pensativos… “Otra vez me llamaron ¿Qué habrá hecho esta vez?”, “Espero que me atiendan rápido para poder retirarlo o perderé el tren…”, “Otra reunión y la misma perorata otra vez…” El vacío se hacía sentir, estaba más presente que nunca… Algunas veces hablamos de la comunidad educativa…Otras de los padres…que son un desastre, que los llamás y no vienen, que no les importa nada, que sin el apoyo de la familia no podemos, que…que…Convencida que esto era cierto, pero a medias, porque en realidad hacíamos muy poco para que la situación fuese diferente… Me quedé pensando en mis alumnos, en Matías, en Jhonatan, en Oscar, en Daniel, en Lucrecia, en María…ya había pasado medio año, seguramente se llevarían la materia si no hacían un giro de 180º, pero internamente sabía que no lo podían hacer solos y que yo no lo podía imponer, debían impulsarse ellos, y había que buscar urgente los apoyos para hacerlo, pues era el momento… más adelante sería demasiado tarde… ¿Y si llamo a los padres? Sí eso voy a hacer…Los voy a llamar para conversar sobre el tema y pedir su colaboración…En sala de profesores, cafecito de por medio, pregunto por estos alumnos a ver cómo andaban en las otras materias y compruebo que también andaban muy flojos. Bueno, digo, voy a citar a los padres…algunos colegas callaron, alguno se rió, otro se mostró escéptico argumentando: -No van a venir. Algo “desinflada” por los comentarios, dudé unos instantes, unas horas, unos días, hasta que los cité, mandé una nota en el cuaderno de comunicados, solicitando que vinieran a la escuela el jueves a las 9.30 hs. Llegó el jueves…aviso que van a venir padres, que por favor les digan que me esperen, las negativas estaban en algunas miradas y haciendo caso omiso fui al encuentro de mis alumnos. Cuando salí…estaban allí…sí, dos madres habían venido…me puse muy contenta; la preocupación, y por qué no el dolor, se adivinaba en sus rostros…_Ya las atiendo dije con una sonrisa, tratando de aflojar la tensión. Comenzamos el diálogo con la mamá de Jonathan, la sentí muy nerviosa, entonces le dije -Mirá mamá que no te llamé para tirarte de la oreja, pasa que Jonathan no anda bien con la materia, sus notas son muy bajas, no hace el mínimo esfuerzo, es algo mal educado en sus modos hacia sus compañeros y hacia mí …Y ella se soltó y comenzó a dar su mirada sobre la situación: que su papá no le pone límites, que quiere dejar la escuela y ni caso le hace, le dice que bueno, que deje; además se junta con Oscar que es vagancia pura…y varias cosas más…Finalmente acordamos que la familia y yo trataríamos de ser un bloque, deberían controlar que todos los días lleve algo escrito en su carpeta, y estudiar para la clase próxima, y pedirle que le diga lo estudiado, aunque ella no entendiese nada (pues el hijo en este caso había superado el nivel de escolaridad de sus padres). Le pedí por favor que se acercase a la escuela para cualquier duda, o para conversar sobre su hijo. La señora se fue agradecida. La mamá de Matías, ni bien ingresó a la sala donde nos reunimos, tenía lágrimas en los ojos, y sin que le explique lo que estaba pasando en la escuela, comenzó a contar, como podía desde su dolor, que Matías con sus 17 años, se había enamorado de una mujer que tenía 4 hijos, y ella le hablaba y le hablaba, pero nada podía detenerlo…Ahora comprendía yo por qué mis estrategias no alcanzaban, si sabía que él era muy capaz. Acordamos pautas similares a las de la otra mamá. Y en ambos casos dejamos un canal abierto a la comunicación y al encuentro. Internamente sentí acomodarse algunas piezas de este rompecabezas, la situación era compleja, pero por lo menos sabíamos dónde estábamos parados para hacer las jugadas con más precisión. Llegó la clase siguiente y Oh sorpresa… Jonathan que generalmente estaba “en otro canal” preguntó ¿Qué vamos a hacer hoy? El gozo me invadió…gradualmente las cosas cambiaron en él y a pesar de haber limitaciones bastante serias en sus aprendizajes, el esfuerzo y el empeño fueron grandes…Creo que rescato el aprendizaje para la vida que hicimos los dos, más allá de la materia. Ni les cuento que pude revertir el rechazo que me dio aquélla vez que por la calle sentí un eructo enorme, y al darme vuelta era él. ¿Y Matías? Con él fue diferente…como un niño, orgulloso expresaba “Mi vieja vino a hablar con Ud.” , pero en su rebeldía decidió no esforzarse, faltó mucho…en su mundo afectivo del momento la escuela no encajaba demasiado, allí afuera la realidad era muy fuerte para él. Casualmente en estos días, a cuatro años de aquéllas “luchas” nos cruzamos por la calle, se nota el aprecio, si bien me contó que aun adeuda tres materias, considero que por aquéllos días, a partir de lo negativo, se sintió valorado. Creo rotundamente que valió la pena…y me quedo pensando que la convocatoria a los padres de adolescentes en la escuela es una asignatura pendiente.
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| Título: |
¿Y si llamo a los padres? |
| La Participación de los padres en el aprendizaje escolar |
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| Autor/es: |
| Ahamendaburu, Estela
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| Institución: |
| EEM Nº1 / G. Las Heras / Buenos Aires |
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| Localidad / Provincia: |
| Las Heras / Buenos Aires |
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| Nivel Educativo: |
| Educación Secundaria |
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| Categoría/s Educativa/s: |
Dimensión Comunitaria
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| Temática/s Pedagógica/s: |
Alumnos reales, alumnos ideales Inquietudes docentes con alumnos distintos Encontrarle la vuelta Cuestión de normas Armar comunidad
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| Coordinador CAIE: |
| Lara, Lucía |
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